42% de las mujeres dejó su empleo o redujo su jornada por labores domésticas
Encuesta del Idespo revela que el trabajo de cuidados no remunerado sigue recayendo mayoritariamente en ellas y limita su autonomía económica


La tendencia también es más marcada entre mujeres en unión (casadas o convivientes) y con menor nivel educativo. Un 60% de quienes tienen secundaria incompleta o menos dejó o redujo su empleo, frente a un 46% con estudios universitarios completos.
Además, un 9% de quienes dejaron de trabajar no volvió a buscar empleo y a la mitad le resultó muy difícil reinsertarse en el mercado laboral.
Hogares con y sin personas dependientes
La encuesta clasificó a las participantes en tres grupos: quienes viven con personas dependientes, quienes conviven con personas sin requerimientos especiales de cuidado y quienes viven solas.
El 49% reside en hogares sin dependientes, el 41% en hogares donde sí hay personas que requieren cuidados y el 10% vive sola.
Dentro del grupo con dependientes, predominan los hogares con niños entre seis y 11 años (43,49%). Le siguen aquellos con menores de cinco años (18,41%) y los que combinan ambos rangos (12,7%).
44 horas semanales en cuidados directos
El estudio dividió el trabajo no remunerado en dos dimensiones: directa e indirecta.
En la dimensión directa —que incluye asistencia personal, apoyo educativo y acompañamiento emocional— un 73% indicó que es ella misma quien realiza las funciones. Un 12% señaló a otra mujer del hogar y apenas un 3% a un hombre.
Las mujeres dedican en promedio 44 horas semanales a este tipo de cuidados. La cifra aumenta a 46 horas cuando son las principales responsables y alcanza 53 horas semanales en hogares con niños y personas con dependencia que requieren atenciones especiales.
En la dimensión indirecta —tareas como limpieza o compras— el promedio es de 22 horas semanales. Esta cifra es 1,5 veces mayor en hogares con dependientes y duplica el tiempo dedicado por mujeres que viven solas.
Uno de los hallazgos más llamativos es que dos de cada diez mujeres también brindan cuidados a personas de otros hogares, principalmente padres, madres, hijos, nietos, abuelos o incluso vecinos y amistades.
Carga emocional y estereotipos
Las mujeres que cuidan a personas totalmente dependientes mayores de 12 años reportan una carga física y emocional “muy alta” en un 42,4% de los casos. Solo un 6,1% la calificó como “muy baja”.
En contraste, entre quienes no viven con dependientes, un 21,5% percibe su carga emocional como “muy baja”, frente a un 19,1% que la considera “muy alta”.
Sobre estereotipos, el 40,4% está de acuerdo con la frase “las mujeres, por naturaleza, cuidan mejor”, mientras un 43% está en desacuerdo.
Sin embargo, la percepción cambia ante la afirmación “cuando en una familia se requiere cuidar a otras personas, se espera que sean las mujeres quienes lo hagan”: un 76% está de acuerdo.
Asimismo, un 84% manifestó sentir algún grado de culpa por no asumir directamente el cuidado de sus hijos.
El informe concluye que, pese a la creciente participación femenina en el empleo remunerado, no ha habido una transformación sustantiva en la organización social de los cuidados, lo que reproduce desigualdades estructurales y limita la autonomía económica de las mujeres.
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